En un proyecto multifamiliar, usted empieza con el sitio tal como está. Lo recorre con un arborista, lee el inventario de árboles y determina qué árboles le permite retirar el reglamento de protección de árboles de su municipio y cuáles debe conservar. Traza las cotas, el drenaje y el sol. Luego se sienta con el arquitecto, porque la huella del edificio, la rampa del estacionamiento subterráneo y la estructura bajo tierra deciden dónde puede haber suelo lo bastante profundo para un árbol de verdad.
Durante el concepto y el permiso de desarrollo, usted diseña el borde público, los accesos, los espacios de amenidades, las azoteas y el manejo de aguas pluviales, como jardines de lluvia y suelos absorbentes. Produce un plano de paisajismo, una tabla de vegetación con tamaños al momento de la plantación, un plano de cotas y detalles de superficies duras. Muchos municipios de BC retienen una garantía de paisajismo como condición del permiso, que se libera una vez instaladas las obras y, en algunos lugares, después de un período de mantenimiento. Las condiciones varían, así que consulte con su municipio.
Durante la construcción, usted revisa el trabajo en obra, da su visto bueno en la terminación sustancial y acompaña la vegetación durante su período de mantenimiento. Todo ese tiempo, los renders muestran su paisajismo al personal técnico, al concejo y a los compradores. Que esas imágenes muestren su plano, o un césped genérico con árboles adultos, depende de cuán temprano lo incorporen.
La solución es simple y rara vez se aplica: trate al renderista como otro consultor que necesita su juego de planos. Cuando su tabla de vegetación, sus cotas y su plan de conservación de árboles están en el modelo desde la primera ronda, el paisajismo deja de ser decoración y se convierte en prueba. Eso le importa al personal técnico que revisa un permiso, y le importa a los compradores que deciden si un patio es un lugar donde se sentarían.